Nombres como Karl Benz, Gottieb Daimler, Rudolf Diesel y Henry Ford, son mundialmente reconocidos por sus logros. Pero paralelamente, siempre existió una legión de hombres ingeniosos y emprendedores en todos los rincones del mundo, que concebían ideas avanzadas para su tiempo y no cejaban hasta verlas realizadas; hombres que no tuvieron la fortuna de ser favorecidos por las circunstancias y que rara vez recibieron reconocimiento ni estímulo más que el suyo propio, pero que construyeron al desarrollo tecnológico a travéz de los años.
Uno de estos hombres fue Manuel Iglesias, costructor del primer automóvil argentino. Manuel Iglesias nació en Carbia, provincia de Pontevedra, España, el 22 de Enero de 1870, y a los 14 años emigró a la Argentina llevando junto a su equipaje, sus esperanzas puestas en una tierra nueva que le abría un mundo de posibilidades. Primero aprendio el oficio de carpintero, ingresando luego en Ferrocarriles Argentinos, donde su interés por la mecánica se despierta observando asombrado el funcionamiento de la máquinas de vapor, fuerza motriz que en aquellos años era de uso corriente de locomotoras, máquinas y herramientas.
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